segunda-feira, 28 de novembro de 2011

Después de la caída: un arquetipo italiano



Elsa Morante
Sconfini


El jefe del Gobierno se manchó repetidamente durante su carrera con delitos que, a los ojos de un pueblo honesto, le habrían hecho merecedor de la condena, la vergüenza y la privación de toda autoridad de gobierno.

¿Por qué el pueblo toleró y directamente aplaudió estos crímenes? En parte, por insensibilidad moral, una parte por astucia, una parte por interés y provecho personal. La mayoría se daba naturalmente cuenta de sus actividades criminales, pero prefería dar su voto al fuerte en vez de al justo. Por desgracia, el pueblo italiano, si ha de escoger entre el deber y el interés propio, sabiendo cuál sería su deber, escoge siempre el interés propio.

Así, un hombre mediocre, chabacano, de elocuencia vulgar pero de fácil efecto, constituye un perfecto ejemplar de sus contemporáneos. Junto a un pueblo honesto, habría sido todo lo más el líder de un partido de modesto respaldo, un personaje un poco ridículo por sus maneras y sus actitudes, sus manías de grandeza, ofensivo para el buen sentido de la gente a causa de su estilo enfático e impúdico.

En Italia se ha convertido en jefe del gobierno. Y es difícil encontrar un ejemplo italiano más completo. Admirador de la fuerza, venal, corruptible y corrupto, católico sin creer en Dios, presuntuoso, vanidoso, fingidamente bonachón, buen padre de familia, pero con numerosas amantes, se sirve de aquellos a quienes desprecia, se rodea de deshonestos, de mentirosos, de ineptos, de aprovechados, mimo hábil y capaz de causar efecto a un público vulgar, pero, como todo mimo, sin carácter propio, se imagina siempre que es el personaje que quiere representar.

¿Todo parecido es mera coincidencia? La gran escritora italiana Elsa Morante, que murió una década antes de la llegada de Silvio Berlusconi al poder, escribió este texto en 1945 para describir la figura del depuesto… Benito Mussolini.

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