terça-feira, 10 de outubro de 2017

El joven Karl Marx

Cristina Portela
Socialismo & Democracia

El realizador haitiano Raoul Peck comprobó que la vida del revolucionario y filósofo alemán da para una buena película. Pero también probó que es posible contar cosas serias sin perder el buen humor y la ligereza. Hizo lo que muchos realizadores deberían hacer en relación con los episodios más significativos de la historia: dejar de lado el facilismo tonto de los “fait drivers” -ninguno aguanta más tantas películas sobre María Antonieta y sus criadas- para tomar a los personajes que realmente cuentan.

Filmados en blanco y negro, hombres, mujeres y niños desarrapados recogen las ramas de árboles caídos del suelo de una floresta cuando policiales a caballo aparecen para atacarlos violentamente. Este es el inicio del filme El joven Marx, del realizador Raoul Peck. La escena escogida no fue casual. En 1842, Marx había publicado una serie de artículos en un periódico de la ciudad de Colonia, en ese entonces Prusia (actual Alemania), llamado la Gazeta Renana, para criticar una ley sobre el robo de leña practicado por campesinos pobres de aquella región. Como analizó Franz Mehring, en el libro Karl Marx-historia de su vida, “se trataba de la persecución de la era capitalista contra los últimos vestigios de la propiedad comunal sobre la tierra”. No era una persecución cualquiera: pocos años antes, en 1836, de los 207.478 procesos criminales abiertos por el estado prusiano, tres cuartos se referían al robo de leña y otras supuestas transgresiones contra la propiedad forestal.

Sobre la importancia de ese tema para Marx, Frederich Engels escribió: “Siempre oí decir a Marx que fue por el estudio de la ley sobre el robo de la madera y de la situación de los campesinos de la Mosela (región en la frontera entre Francia y Alemania) que él fue llevado a pasar de la política pura para el estudio de las cuestiones económicas, y por eso mismo, al socialismo. En el año en que publicó aquel artículo, Marx aún no era comunista, pero ya era un joven talentoso, recién graduado de doctorado, seguidor del filósofo alemán Hegel e hijo de un alto funcionario de la ciudad de Tréveris, Prusia, donde naciera en 1818.

Antes de iniciar el filme

El rodaje de Peck acompaña la trayectoria de la familia Marx (Kark y su mujer Jenny von Westphalen) hasta la llegada a París, a finales de 1843. Pero antes de eso mucha agua ha corrido por debajo del puente. Marx ya cursaba Derecho en la Universidad de Berlín, donde perteneciera al club de Doctores, una asociación de hegelianos de izquierda liderada por el profesor Bruno Bauer, su amigo y mentor. Los hegelianos de izquierda eran una corriente pequeñoburguesa que, a partir de la filosofía de Hegel, fundamentaba la necesidad de reformas democráticas en el Estado y en la sociedad. Las cosas comenzaron a ir mal para ellos, liquidando la más que probable carrera universitaria de Marx, después de la asunción del nuevo rey de Prusia, Federico Guillermo IV, en 1840. Inicialmente saludada por los hegelianos como un paso importante para la transformación de Prusia en un Estado Nacional, la llegada del nuevo rey acarreó en la realidad la prohibición de revistas progresistas y la expulsión de los profesores hegelianos de las universidades, entre quienes se encontraba el propio Bauer.

A partir de ahí, opositores del Estado prusiano burocrático feudal se atrincheraron en la redacción de la Gazeta Renana, un proyecto que reunía al hegelianismo de izquierda y la burguesía liberal. Marx dirigió ese periódico, una tarea cada vez más difícil para él. Presionado por los accionistas burgueses que exigían una moderación política para evitar represalias, Marx acabó por abandonarlo antes de la fecha estipulada por el gobierno para su cierre. “La atmósfera aquí se volvió sofocante para mí. Igual que con el ejercicio de la libertad, es duro cumplir una tarea servil y esgrimir alfiles en lugar de coronas. No puedo realizar más nada en Alemania, en ella usted se corrompe a sí mismo”, escribió él a su amigo Arnold Ruge, editor de periódicos con los cuales Marx había colaborado.

En junio de 1843, Marx y Jenny, amigos de la infancia, se casaron y se preparaban para seguir hacia la capital francesa donde Marx trabajaría en un nuevo proyecto del mismo Arnold Ruge, Los Anales Franco-alemanes.

Jenny y Mary

Uno de los muchos méritos del filme de Peck es la relevancia conferida a las mujeres, representadas por Jenny y también por Mary Burns, la compañera de Engels. Jenny es presentada como una persona enérgica, inteligente y con opiniones propias, habiendo participado en la elaboración política de su marido. En una de las escenas de la película ella dice querer destruir la sociedad y prenderle fuego. El realizador asegura que no inventó esta frase, y que Jenny efectivamente la escribió. “Jenny es una persona tan importante en el filme porque ella era parte de la vida de Marx, era su brazo derecho, desafiaba la idea de que la política era solo para los hombres. Si nos hubiéramos basado en la literatura que existe sobre Marx, habría sido muy difícil saber siquiera donde ella estaba en la altura, porque los grandes teóricos del marxismo ni siquiera hablan de ella”, comentó Peck.

Para conseguir percibir un poco del cotidiano de la pareja, en particular de Jenny y de los amigos que pasaron por sus vidas, Peck se basó en la intensa correspondencia que había entre ellos. Solo así podría, por ejemplo, colocar en boca de Mary una afirmación tan personal- e irreverente-como aquella en que asegura a una estupefacta Jenny no querer tener hijos para no perder la libertad y que a su hermana, Lizzy, era a quien gustaría embarazarse de Engels.

Jenny y Mary no podían ser más diferentes. La primera era hija de un alto funcionario del gobierno prusiano, mientras que la segunda era una obrera irlandesa que trabajó, así como su padre y Lizzy, en una fábrica del papá de Engels, en Manchester, Inglaterra. De acuerdo con la cinta, Engels vio a Mary por vez primera en esa misma fabrica en el momento en que desafiaba a un capataz. Ella tenía 19 años y él casi 22. Verdad o no, el hecho es que en 1842, cuando los dos se conocieron, hubo una importante huelga contra el recorte en los salarios y la atmósfera estaba eléctrica. Fue Mary quien llevó a Engels a “Little Ireland”, el distrito donde vivían los obreros irlandeses, y lo presentó al combativo liderazgo local. Fue ella que hizo ver de cerca las casas miserables y las calles sin sanidad de Londres, donde animales eran condenados a podrirse, el lodo dificultada el tránsito y el mal olor era insoportable, los barrios donde vivían los obreros , entre los cuales había empleados de su padre.

Marx en París

Mientras la Manchester fabril representó un choque de realidad para Frederich Engels, la París de los años 1840 provocó una verdadera revolución en las ideas, hasta entonces profesadas por el joven Karl. Cuando llegó a París, sus conocimientos sobre las teorías socialistas y comunistas eran muy iniciales. Conocía a Proudhon, cuyo libro más famoso calificaba a la propiedad de robo, y consideraba su obra como la primera manifestación científica del proletariado moderno; y Dézamy, ambos materialistas y antirreligiosos. Fue durante su estadía en París, en los años 1844 y 1845- escribe Michael Lowy, en su libro La teoría de la revolución en el joven Marx-, que él conoció las sociedades secretas de los obreros parisinos y asistió a asambleas de artesanos comunistas.

Entre estas sociedades se destacaba la Liga de los Justos, fundada en París en la década de 1830 por emigrados alemanes y que rápidamente pasó a contar con cerca de mil miembros, con ramificaciones en Londres y Suiza. Su lema era “todos los hombres son hermanos”, y sus propuestas se inspiraban en las ideas de los revolucionarios Gracchus Babeuf y Philippe Buonarroti, defensores de la Constitución jacobina de 1793. En la década de 1849, el comunismo, en su versión premarxista, era de masas entre el proletariado francés.

El impacto causado en Marx por esta experiencia fue inmenso, como se puede desprender de este extracto de una carta escrita al amigo y filósofo alemán Edwig Feuerbach, en agosto de 1844: “Usted necesitaría asistir a una reunión de los obreros franceses para comprender el ardor juvenil y la nobleza de carácter que se manifiesta en esos hombres arrasados por el trabajo (…) la historia forma, entre esos ‘bárbaros’ de nuestra sociedad civilizada, el elemento práctico para la emancipación de los hombres”. Lowy considera que el descubrimiento del proletariado revolucionario fue decisivo en el pensamiento político de Marx, provocando una evolución que será expuesta por primera vez en un artículo en la revista Vorwarts (Avante), para polemizar con su amigo Arnold Ruge.

Ruge escribirá un artículo en aquella misma revista calificando la sublevación de “tejedores” de 1844, en la región de Silésia, Prusia, como un acontecimiento sin importancia por carecer de “alma política”, sin la cual no podría haber la revolución social. Marx debe haber caído de la silla ¿Cómo despreciar una revuelta en que 5 mil tejedores, “asegurándose palos, hachas y piedras con sus puños magros”, enfrentaran batallones de soldados, saquearon los palacios de los príncipes propietarios de la fábrica y destruyeran los libros de contabilidad? “La revuelta silesiana-escribió él- comienza justamente en un punto en que las revueltas de los trabajadores de Francia y de Inglaterra terminan, o sea, conscientes de la esencia del proletariado. La propia acción posee ese carácter superior. No solo son destruidas apenas las máquinas, esas rivales de los trabajadores, sino también los libros contables, los títulos de propiedad”.

En este mismo artículo, el califica, al polemizar con Ruge, la revolución socialista como “revolución política de alma social”. “Es solo en el socialismo-escribe Marx- que un pueblo filosófico puede encontrar su práctica adecuada; por tanto, es solo en el proletariado que él puede encontrar el elemento activo de su liberación”. Para Lowy, la sublevación silesiana tuvo en Marx un efecto “catalizador, de revulsivo teórico práctico, de demostración concreta y violenta de lo que él ya desprendía de sus lecturas y contactos parisinos, la tendencia potencialmente revolucionaria del proletariado”.

El encuentro con Engels

No fue amor a primera vista, pero el encuentro de Marx y Engels en París, en 1844, dio frutos inmediatamente. Ellos ya se conocían, pues Engels no solo había colaborado con la Gazeta Renana, como también con los Anales Franco-alemanes, pero no habían tenido hasta entonces una conversación seria. Esta vez, por el contrario, conversaron hasta altas horas de la noche y, entre copas -Engels tenía fama de ser un buen bebedor-, comenzó la complicidad intelectual y fraternal que duraría hasta la muerte de Marx. Sobre ese encuentro, Engels dirá: “Constatamos nuestro completo acuerdo en todas las cuestiones teóricas”.

El primer trabajo conjunto fue entonces planeado: se trataba de una polémica con un antiguo amigo de Marx, esta vez Bruno Bauer. El filósofo había publicado un artículo en su revista literaria criticando las posiciones de Marx y Engels expuestas en los Anales Franco-alemanes. Para él, “todas las grandes acciones de la historia hasta aquí fueron de antemano malogradas y privadas de éxito, porque las masas se interesaron y se entusiasmaron por ellas”. En el paquete de desilusiones estarían incluidos todos los movimientos de masas hasta aquella época, desde el cristianismo hasta la gran revolución francesa, tema tan caro para Marx, que sobre ella se dedicara con ahínco desde su llegada a París.

Para combatir las ideas de Bauer, la dupla escribió nada menos que un libro entero. Inicialmente se iba a llamar crítica de la crítica crítica”, por sugerencia de Jenny, de acuerdo con el filme de Peck, para después transformarse en La sagrada familia. En él, defienden la revolución francesa, considerando la victoriosa (en 1830, la burguesía había realizado los deseos de 1789), y criticaron a todos aquellos que, como Bauer, oponen una “minoría esclarecida” a la “masa ignorante”, o con el mismo sentido, un “salvador supremo” a la idea de la autoemancipación proletaria.

En ese trabajo, Marx deja claro su progresivo distanciamiento del idealismo de Hegel y la sintonía con el materialismo francés. “Las circunstancias forman a los hombres; para transformar a los hombres, es preciso transformar las circunstancias”. Para Lowy, sería el momento de la negación de la “identidad mística”, y de la afirmación de la primacía de las circunstancias, a “una etapa de la evolución teórica de Marx, etapa necesaria, que representa la reacción radical a la etapa neo-hegeliana anterior, pero que permanece parcial, metafísica”. Esa etapa sería sobrepasada con las Tesis sobre Feuerbach, escritas el año siguiente, considerado el primer texto marxista de Marx. De Hegel, como escribe Lenin, Marx y Engels, mantuvieron la dialéctica. “Este es el aspecto revolucionario de la filosofía de Hegel, que Marx adoptó y desarrolló”.

De París a Bruselas

El 11 de enero de 1845, el gobierno francés ordena la expulsión de varios emigrados alemanes, entre ellos Arnold Ruge, Mikhail Bakunin y Karl Marx. Sería el fin de un periodo feliz para Marx desde varios puntos de vista: teórico, político e inclusive personal. Nació su primera hija, Caroline, y Jenny estaba embarazada una vez más. El filme retrata un matrimonio apasionado, a pesar del temperamento explosivo de Marx. Pero hubo contratiempos, especialmente financieros, pues la revista de Ruge, los Anales Franco-alemanes, el principal medio de subsistencia de Marx, solo tuvo una edición. La penuria de la familia solo fue aliviada gracias a la ayuda financiera de los amigos de Colonia.

Luego de que llegó a Bruselas, la ciudad escogida para vivir a partir de entonces, Marx fue obligado a firmar una declaración comprometiéndose a no publicar artículos sobre temas políticos. Mehring cuenta que, para frustrar las tentativas del gobierno prusiano de incomodar su estadía en el nuevo país, Marx renunció a su nacionalidad, dejando de pertenecer al estado de Prusia, pero tampoco abrazó ninguna otra, tornándose apátrida hasta su muerte. Así que supo de la expulsión de Marx, Engels se apresuró a ayudarlo. “Esos perros no tendrán el gusto de causarte apuros económicos”, escribió. En la primavera de aquel mismo año, Engels se mudó para Bruselas y, juntos, los dos amigos parten para Inglaterra a un viaje que duró seis semanas. Engels insistía mucho con Marx para que él estudiase los economistas ingleses, en particular Adam Smith, John Ramsey, McCulloch y David Ricardo, consejo seguido de buena voluntad.

Engels cuenta que fue en Bruselas que Marx expuso la idea central del materialismo histórico: la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases y, en el capitalismo, esa lucha habría llegado a la fase en que el proletariado no podría emanciparse sin al mismo tiempo emancipar a toda la sociedad de la explotación y opresión, mas necesariamente mediante una revolución. Este sería el núcleo de la obra que escribió para polemizar, esta vez, con Proudhon. En su libro Sistema de las contradicciones económicas. La filosofía de la miseria, Proudhon presenta sus nuevas elaboraciones, rompiendo radicalmente con la defensa de la revolución, que por tanto tiempo fue su bandera. “Prefiero quemar la propiedad a fuego lento que dar más alimento a los propietarios con otra noche de San Bartolomé”, escribió él. El título que Marx dio a su libro contra las ideas de Proudhon no podía ser más enigmático: Miseria de la filosofía. El libro termina con las palabras de George Sand: “el combate o la muerte: la lucha sanguinaria o nada. Es así que ineludiblemente se presenta la cuestión”. Como reconoció Marx, la amistad entre él y el tipógrafo intelectual por el cual se entusiasmara fue deshecha para siempre.

De justos a comunistas

Vivían los Marx y los Engels aún en Bruselas cuando apareció, en enero de 1847, el relojero y dirigente de la Liga de los Justos, Joseph Moll, con la misión de invitarlos a ingresar a aquella organización. El espanto de Marx y Engels no pudo haber sido mayor. En los últimos tiempos, la dupla venía bombardeando la política y la estructura de la liga. Criticaban su confusión ideológica y tolerancia con el “comunismo sentimental”. En oposición a la hermandad de hombres y su idealismo casi religioso, Marx y Engels propugnaban la lucha de clases. Esta fue la batalla central de los dos revolucionarios. Discusiones durísimas fueron trabajas entre ellos y los dirigentes de la Liga, en particular entre Marx y el sastre Wilhelm Weitling, episodio bien retratado en el film de Raoul Peck.

De hecho, una de las secciones de la Liga, la francesa, ya se había adherido al marxismo. El año anterior, en 1846, Engels participaría de una reunión de la Liga en París, después de un extenso debate con los discípulos de Proudhon, conseguiría aprobar por gran mayoría una especie de carta de intenciones de los comunistas comprometiéndose con la defensa de los intereses del proletariado; de la sustitución de la propiedad privada por la comunidad de los bienes; y de la revolución democrática y violenta para cumplir aquellos fines. Es importante notar, según Lowy, que para Marx y Engels democracia significaba comunismo. Para coronar el buen resultado de la misión, Engels fue electo como representante de la sección francesa en el congreso de la Liga pactado para junio de 1847.

En ese congreso, realizado en Londres, se discutió el proyecto de estatuto elaborado por Engels y se confirmó la carta de intenciones aprobada en París. Fue solo ahí, después de quedar demostrada la nueva actitud de parte de los miembros de la Liga en relación al comunismo, que Marx, Engels y su grupo entraron a esa organización. La Liga de los Justos pasó a llamarse Liga Comunista, y su lema –“Todos los hombres son hermanos”- se transformó en “Proletarios de todos los países, uníos”. Para hacer propaganda del programa comunista, Marx y Engels fueron encargados de escribir el Manifiesto Comunista, publicado por primera vez en febrero de 1848 en Londres. El Manifiesto fue escrito para la Liga Comunista, pero también dialogaba con otra organización llamada Fraternal Democrats, que actuaba como fracción comunista en el partido cartista inglés.

En ese mismo mes estalla la Revolución de 1848 en Francia, con repercusiones por toda Europa. Marx y Jenny son presos y expulsados de Bélgica, siguiendo una vez más para París. En esa ciudad es constituido el comité de la Liga Comunista, compuesto, mitad y mitad, por integrantes procedentes de Bruselas, entre los cuales se encontraban Marx y Engels, y Londres, entre ellos Joseph Moll. El programa escrito por la Liga Comunista para la revolución en Alemania contenía 17 reivindicaciones, entre las cuales se encontraban: implantación de la República única e indivisible, armas para el pueblo, nacionalización de las propiedades de los príncipes y de los señores feudales, de las minas y medios de transporte, creación de oficinas nacionales y educación pública y gratuita.

En 1848, con la publicación del Manifiesto Comunista y el estallido de la revolución en Europa, termina el filme de Raoul Peck sobre el joven Marx. De él se consigue desprender un hombre determinado, brillante y, sobre todo, capaz de comprender profundamente su época y formular una teoría sobre el funcionamiento del capitalismo y un programa revolucionario para su superación que se volviera esencial para los revolucionarios que hasta hoy quieren no solo comprender, sino transformar el mundo. El filme tiene aún la ventaja de mostrar también un hombre bueno, como describe su hija Eleanor: “En su vida doméstica, así como en las relaciones con sus amigos e inclusive con simples conocidos, creo poder afirmar que las principales características de Karl Marx fueron su permanente buen humor y su generosidad sin límites”.

quarta-feira, 27 de setembro de 2017

Brasil, entre la violencia y la desesperanza

Fernando de la Cuadra
Rebelión

Con la aprobación de la mayoría de los miembros del Supremo Tribunal Federal (STF) para dar proseguimiento a la denuncia contra el presidente Temer en la Cámara de Diputados, se inicia un nuevo ciclo de negociaciones del Palacio do Planalto para intentar revertir un fallo favorable entre los legisladores, utilizando para ello todas las artimañas y recursos disponibles, desde las conversaciones de corredores ofreciendo beneficios y aprobación de proyectos hasta la más descarada extorsión de los congresistas.

Temer fue denunciado hace un par de semanas por el saliente Contralor General de la República, Rodrigo Janot, por los crímenes de obstrucción de la justicia y participación en una organización criminal. La votación final de los 11 miembros del STF fue contundente, votando incluso a favor de la denuncia el recientemente nominado ministro Alexandre de Moraes, quien fuera un estrecho colaborador del gobierno de Michel Temer, ocupando inclusive la cartera de Justicia.

A esta denuncia del ex Contralor, se suma la delación premiada de otro ex amigo y colaborador de Temer, el empresario Lúcio Funaro, quien ha afirmado ante la Justicia que el grupo formado por Michel Temer y los ex diputados Eduardo Cunha y Henrique Alves (ambos en la cárcel) de recibir cerca de R$ 250 millones en propinas entregadas por la Caixa Económica Federal, la cual era controlada por la máquina del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), al cual pertenecen los tres denunciados. Es una historia que no termina y cada vez con mayor frecuencia Temer aparece vinculado a nuevos arreglos de corrupción y favorecimientos ilícitos.

Como apuntado en otras columnas, hasta ahora el presidente cuenta con el beneplácito de los conglomerados empresariales que continúan enriqueciéndose con las concesiones entregadas por el gobierno, así como también están a la expectativa de futuros negocios en el ámbito de la industria extractivista (minería y petróleo) como de otras actividades claves (construcción civil, pecuaria y agricultura, farmacéutica, seguridad). Por lo mismo, Temer sigue manteniendo el apoyo de una parte importante del Congreso, el llamado “centrão” conformado precisamente por representantes de estos grupos, junto a pastores de iglesias evangélicas, ex militares y agentes policiales. Sin embargo, la pregunta que permanece es hasta cuando el actual mandatario va a conseguir mantener esta adhesión, en un contexto de recurrentes escándalos de corrupción que abalan su gobierno.

Lo realmente trágico es que el actual ordenamiento político gubernamental brasileño ni siquiera responde a la concepción oligárquica de que el poder debe ser conferido a los más capaces en desmedro del poder delegado a los más numerosos. Diferentemente, lo que impera en Brasil es una cofradía de delincuentes de cuello blanco que están vaciando los cofres públicos, cual piratas que se reparten un botín adquirido por medios ilegítimos, consagrando una vez más el “asalto al Estado” tan propio de las formas patrimonialistas existentes desde los tiempos de la Colonia.

La elite no tiene el menor escrúpulo en jactarse de malversar la riqueza del país y los impuestos de los contribuyentes en un clima de absoluta impunidad y ausencia de control por parte de los órganos supuestamente fiscalizadores que deberían custodiar y velar por el cumplimiento de las leyes y del bien común. El papel desempeñado por el Congreso Nacional en la aceptación tácita de los crímenes cometidos por empresarios y políticos es especialmente significativo en el caso del propio Temer, quien a pesar de todas las evidencias en su contra fue absuelto en la Comisión de Constitución y Justicia (CCJ) de la Cámara de Diputados.

Junto con ello, el país sigue amargando las penurias del ajuste, con recortes significativos en sectores muy sensibles como la educación. Según un estudio reciente realizado por la UNESCO, el presupuesto destinado a la educación básica ha caído de 7,4 billones en 2015 a solo 3,5 billones para el bienio 2017-2018. La situación de inversión en la educación técnica y superior muestra la misma tendencia hacia un drástico descenso.

En este contexto de crisis económica, política e institucional, la guerra entre pandillas de narcotraficantes está tomando cuenta del país, no solo en la favela da Rocinha en Rio de Janeiro –como ha sido difundido profusamente- sino que también en las principales ciudades y capitales de la Federación. Entre el saqueo del Estado y las bandas criminales que imponen su poder a través de la violencia y el terror, los ciudadanos se encuentran paralizados por la incerteza sobre sus vidas y sobre el futuro. Contrariando el arribo de la primavera, el horizonte de este país se ve lleno de sombríos nubarrones.

segunda-feira, 11 de setembro de 2017

Último discurso de Salvador Allende


Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción Que sean ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la abuela que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos.

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder. Estaban comprometidos. La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

quarta-feira, 6 de setembro de 2017

Preparando otro crimen contra la humanidad

Ariel Dorfman
Página 12

La noticia de que Estados Unidos va a gastar un trillón de dólares en modernizar su fuerza nuclear ha provocado preguntas acerca de si tal estrategia, que incluye misiles “stealth” (furtivos) que no podrían ser detectados por fuerzas enemigas, no terminará desestabilizando la relación con los otros gobiernos que poseen bombas atómicas, generando una peligrosa carrera armamentista. Pero otra interrogante, una que nos ronda hace más de siete décadas, es, a mi parecer, más importante y primigenia: ¿fue Hiroshima un crimen de guerra?

Responder a tal pregunta ha cobrado urgencia debido a la promesa de Donald Trump de desatar “furia y fuego como el mundo nunca ha visto antes” contra Corea del Norte así como debido al ultimátum igualmente insensato de parte de Kim-Jong-Un, amenazas mutuas que indican que un nuevo genocidio en nuestros tiempos ya no es inconcebible.

Por mi parte, no me cabe duda de que el bombardeo de Hiroshima el 6 de agosto de 1945, que mató, por lo menos, a 146.000 hombres, mujeres y niños y dejó muchos miles más dañados de por vida, constituyó, en efecto, un crimen de guerra. Contrariamente a la tesis de que tal asalto era la única manera de esquivar una invasión de las tierras enemigas que hubieran llevado a innumerables bajas entre las tropas Aliadas, investigadores han constatado que la razón por la cual Japón capituló fue por temor a que la Unión Soviética (que acababa de declararle la guerra al Imperio del Sol Naciente) se apoderara de la mitad del territorio nipón. Los hallazgos y conclusiones de Gar Alperovitz, Murray Sayle y Tsyuyoshi Hasegawa, entre otros, arrasan con el mito de que el primer ataque nuclear de la historia - al que hay que añadir el segundo contra Nagasaki el 9 de agosto - era inevitable.

Y, sin embargo, aquel mito persiste. Dos años atrás una encuesta del Pew Research Center indicó que el 56 por ciento de los estadounidenses creía que ese bombardeo estaba justificado, un número considerable, aunque muy disminuido del 85 por ciento que defendía esas atrocidades en 1945. Mi propia experiencia avala tales cifras. Cuando escribí en The New York Times hace unas semanas (en un artículo que publiqué también en estas páginas) que Hiroshima era un crimen de guerra, recibí una serie incesante de mensajes destemplados de parte de gringos iracundos: ¿cómo me atrevía yo (un sucio chileno) a dudar acerca de la benevolencia de una maniobra militar que tantas vidas había salvado?

¿Acaso esas personas no se dan cuenta de que al insistir en la inocencia de los Estados Unidos no sólo tratan de mitigar su culpa por el genocidio de centenares de miles de seres humanos, sino que facilitan y alientan la retórica belicosa de Trump (“todas las opciones están abiertas”, es su última andanada) y, también, por cierto, el gasto de un trillón de dólares letales para remozar el arsenal nuclear?

Aquellos que juran estar a favor de tales métodos salvajes deberían comprender que, aun si las embestidas mortales que asolaron a Hiroshima y Nagasaki fueron, como se supone equivocadamente, un “mal necesario”, eso no obviaría que tal asalto se condene como un crimen contra la humanidad. Tal como lo fue la masacre japonesa de Nanking, y los horrores alemanes procesados en Nuremburg, los incendios aéreos intensivos de los Aliados contra Dresden y Hamburgo, el asesinato masivo de prisioneros perpetrados por los soviéticos al final de la Segunda Guerra Mundial, la destrucción a mansalva de Vietnam de parte de Johnson y Nixon, y los ataques de gas de Saddam Hussein contra Irán y Bashar al Assad en Siria. Y tal como lo sería cualquier uso norcoreano de su arsenal minúsculo, con su “mar de fuego” y las absurdas bravatas de aniquilar a los Estados Unidos o al territorio colonial de Guam, que solo incrementan la eventualidad de una catástrofe.

La discusión en torno a si Hiroshima fue un crimen de guerra no es un ejercicio académico. Es esencial para que tengan sentido las palabras “nunca más” que una humanidad consternada pronunció después de las primeras detonaciones nucleares, esencial para que no tengamos que presenciar, como lo profetizó el filósofo Federico Nietzsche en 1888, “guerras como las que el mundo nunca ha visto antes.”

Dudo, por cierto, de que Trump sepa quién es Nietzsche, ni menos que haya leído esa frase de Ecce Homo que aturdidamente, y sin conocer su origen, ha repetido en estos días al blandir la posibilidad de desencadenar una ola de “fuego y furia”.

Pero el nombre de Einstein debe tener alguna resonancia para Trump, hasta para alguien tan iletrado como él. Einstein, cuyos descubrimientos de los secretos del universo condujeron a las bombas que este Presidente insano ofrece con tanto desparpajo soltar sobre sus rivales, dijo, cuatro años después de que Washington destruyó aquellas dos ciudades japonesas, “No sé con qué armas se ha de llevar a cabo la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta será una pelea con piedras y palos.”

Si todo el planeta se vuelve como Hiroshima, si no podemos impedir un nuevo crimen de guerra que puede terminar en un apocalipsis para todos, que nadie declare - si acaso alguien queda con vida - su inocencia.

sábado, 2 de setembro de 2017

Temer y el regreso al neoliberalismo noventero

José Robredo
El Ciudadano

Esta semana Michel Temer cumple un año como presidente de Brasil, cargo que asumió de forma interina en mayo del año pasado tras propiciar e impulsar el impeachment contra Dilma Rousseff, y lo festeja en medio de un complejo escenario político interno en el país: Acusaciones de soborno que lo tuvieron al borde del juicio político, extensas jornadas de protestas y grandes movilizaciones sociales han caracterizado estos doce meses a la cabeza del gobierno.

A pesar de la presión social, que se refleja en solo un 5% de aprobación en las encuestas, Temer se ha sostenido en el poder gracias al apoyo del Parlamento, el que se encuentra en tela de juicio por la vinculación de varios diputados y senadores en el caso Lava Jato, lo que no ha impedido que comience a implementar su giro neoliberal tras 15 años de gobiernos progresistas.

Brasil, la economía más potente del continente, se encuentra en una grave crisis, la que se ha manifestado en los últimos dos años con cifras negativas -en 2015 y 2016 se contrajo en 3,5 y 3,6 por ciento, respectivamente- lo que se traduce en un alza del desempleo y un déficit fiscal cercano a los 49.000 millones de dólares.

Ante esto, Temer comienza a desplegar su programa neoliberal e inicia el cierre de las políticas sociales que se llevaron a cabo bajo las administraciones de Lula -que se encuentra en campaña para volver a la presidencia- y Dilma Rousseff. Para ello, ha presentado un nuevo paquete de privatizaciones de 57 empresas públicas para recaudar casi US$ 14 mil millones, donde destaca la gigante ElectroBras, y que es la continuación del proceso iniciado el año pasado. La medida fue resuelta por el Consejo del Programa de Asociaciones en Inversiones (PPI) de la Presidencia, órgano multiministerial que decide cómo se realizan los procesos de privatización de estatales brasileñas y las concesiones a privados.

También son parte de esta propuesta de privatización la venta del aeropuerto de Congonhas, en Sao Paulo (el segundo mayor del país en número de pasajeros), la Casa de la Moneda, y Lotex, organismo a cargo de la venta de lotería y apuestas. También resaltan vender 49 por ciento de la Empresa Brasileña de Infraestructura Aeroportuaria (Infraero) en los aeropuertos de Guarulhos (San Pablo), Confins (Belo Horizonte), Brasilia y Galeao (Río de Janeiro).

Para entender el contexto político que se desarrolla en el gigante latinoamericano, El Ciudadano conversó con el académico y analista Fernando de la Cuadra, quien expresa que las medidas significan que “su gobierno permanecerá como refuerzo de las fuerzas políticas tradicionales y de los conglomerados económicos nacionales e internacionales”.

Esta semana Temer cumple un año en el poder. ¿Las medidas económicas presentadas son la primera muestra de su “consolidación” en el cargo?

En efecto Temer ya cumple un año en el cargo y contra todas las previsiones de hace un par de meses, los últimos acontecimientos nos inducen a pensar que él continuará en el cargo hasta el final de su mandato. Puede parecer una flagrante contradicción afirmar que alguien que viene mostrando índices tan bajos de aprobación de la ciudadanía pueda mantenerse en su puesto. Cuando muchos analistas presagiaban que la pérdida de su mandato era inminente, Temer ha conseguido articular apoyos en base a promesas de financiamiento de proyectos para parlamentarios y políticos, por medio de medidas que privilegian a poderosos grupos económicos nacionales y extranjeros o a través de diversas modalidades de chantaje puro y directo. En estos días, los anuncios hechos por el Gobierno pueden en efecto permitir la consolidación de Temer en el poder, especialmente si se considera los grandes beneficios que proporcionará a los consorcios económicos la venta de las generadoras del sistema Electrobras a un precio que se estima es menos del 10 por ciento de su valor real.

¿Cuáles son las implicancias que tiene esta decisión para el reimpulso de la economía brasileña?

Según los cálculos de especialistas, aun cuando se aplique la depreciación correspondiente, el valor de los activos de la empresa de electricidad llegaría a los 370 mil millones de reales (unos US$ 110 mil millones) y no a los 20 o 30 mil millones de reales (algo más de US$ 6 mil millones) que el gobierno espera recaudar con su venta. Todavía más escandaloso resulta el anuncio del gobierno para abrir la concesión para explotación mineral y forestal de la Reserva Nacional de Cobre (Renca), una extensa área de casi 5 millones de hectáreas. De prosperar esta política de concesiones en el Amazonas, el país se enfrentará a nuevos riesgos en la conservación de su biodiversidad y en la protección de los pueblos originarios que habitan en esa floresta. Estas y otras medidas se realizan con el evidente objetivo de aumentar la base de apoyo de un mandatario que a pesar de ser el más impopular de la vida política reciente, ha demostrado que se puede hacer un uso inescrupuloso del “Todo Vale” para mantenerse en el poder.

Temer se mantiene en el cargo a pesar de su pobrísima aprobación pero con el apoyo del Parlamento. ¿Cómo se entiende esta combinación?

Por ejemplo, desde comienzos de julio y hasta poco antes del rechazo de la acusación contra Temer en la Comisión de Constitución y Justicia (CCJ), el gobierno había aprobado un total de mil novecientos millones de reales en propuestas de diputados y senadores que necesitaban de tales proyectos para conseguir o mantener el apoyo de los electores. En los primeros seis meses de este año esa cifra fue menor, lo cual torna evidente como el gobierno utilizó hasta el límite los recursos fiscales para presionar a los miembros del CCJ a rechazar el proseguimiento de la denuncia contra el presidente.

¿Hay un carácter regresivo en las medidas de Temer? Considerando que desde Fernando Cardoso no se veían medidas de este calibre

Sin duda, estoy convencido del carácter regresivo de este gobierno, en muchos ámbitos. Las Universidades Federales han experimentado cortes de presupuestos que llegan hasta un tercio del presupuesto histórico que tenían. Eso ha implicado que muchos alumnos perdieron sus becas de estudio, que la infraestructura se encuentra abandonada, que no existe casi ningún tipo de inversión nueva para mejorar las salas de clases, los edificios, los baños. Ni hablar de los cortes en el campo de la investigación científica, que se encuentra en niveles irrisorios, casi inexistente. En definitiva, Temer se está aprovechando de su impopularidad para hacer el “trabajo sucio” que le impusieron los grupos económicos y los sectores más conservadores del país. Mientras no concluya la reforma laboral, del sistema previsional, la reducción de los gastos sociales, etc., su gobierno permanecerá como refuerzo de las fuerzas políticas tradicionales y de los conglomerados económicos nacionales e internacionales.

¿Cómo se puede proyectar el escenario político en Brasil a partir de estos anuncios?

Es una pregunta difícil. A pesar de lo señalado en líneas anteriores, considero que pronosticar lo que va a suceder en el escenario político brasileño es una tarea muy riesgosa. Brasil se ha transformado en un país impredecible y en cualquier momento pueden surgir nuevas informaciones o hechos que le den un giro radical al escenario político. Con las filtraciones de las grabaciones que envolvían a Temer se esperaba un desenlace fatal a cualquier momento y, sin embargo, por los mecanismos que comentaba en líneas anteriores, el presidente se ha conservado en su cargo. Otras acusaciones aún más graves pueden venir a cambiar este panorama y alterar la actual correlación de fuerzas que le da sustento a Temer y su grupo cercano. Al final, me quedo con un dicho popular que hoy día cobra más vigencia que nunca: “Brasil no es para principiantes”.

sexta-feira, 1 de setembro de 2017

Cambio climático y educación ambiental

Fernando de la Cuadra
El Mostrador

En la actualidad existen pocas opiniones que nieguen la existencia del cambio climático y probablemente entre quienes admiten este axioma exista un grupo un poco menor que reconozca que dicho cambio tiene su principal fuente en los procesos productivos y la actividad desarrollada por la humanidad desde mediados del siglo XIX, es decir, de aquello que se ha convenido en llamar la dimensión antropogénica del cambio ambiental global.

Sin embargo, a pesar de su incontestable presencia en la sociedad contemporánea, el cambio climático no ha sido internalizado ni por la sociedad ni por los individuos como un factor que coloca en serio riesgo la continuidad de nuestra especie. Es como si el fenómeno del efecto invernadero y el calentamiento global que se constata en diversos eventos y desastres climáticos -huracanes, tornados, ciclones, inundaciones, lluvias torrenciales, deshielo de los polos y aumento del nivel del mar, sequía y desertificación- no fuera asumido conscientemente como algo que está y continuará afectando la vida del planeta en el largo, mediano y hasta en el corto plazo.

Es una contradicción entre lo que sabemos y la actitud concreta que tomamos como personas y comunidades para mitigar o compensar los efectos deletéreos de las catástrofes climáticas que se presentan de manera cada vez más frecuente en los diversos rincones de la tierra. Es lo que el sociólogo inglés Anthony Giddens ha definido como la “paradoja de Giddens”. Esta paradoja consistiría en una postura que tendrían las personas en su comportamiento diario, en donde pese a la certeza del impacto que el calentamiento global podría tener sobre nuestras vidas, continuamos deslumbrados por llevar una vida de consumo ilimitado, impulsado por satisfactores inventados para proporcionar una felicidad de corto plazo. Y precisamente debido al hecho de que estos cambios no son palpables, inmediatos, concretos o visibles, hace que, en general, nos comportemos pasivamente ante una situación de indudables y nefastas consecuencias  sobre la vida del planeta. La paradoja de Giddens nos confronta con un horizonte incierto, quizás el mayor desafío que debe encarar la humanidad: la perdida acelerada de biodiversidad y la extinción de muchas especies indispensables para mantener los equilibrios de los ecosistemas. A pesar de todas las evidencias acumuladas a la fecha, la mayoría de la gente continúa consumiendo bastante más de lo estrictamente necesario y apostando a que el planeta va a encontrar los mecanismos para auto-regularse, reestablecer su equilibrio sistémico y mantener su capacidad de reproducción de vida.


Por lo mismo, es fundamental que exista una política activa de educación ambiental que se proponga formar una consciencia lúcida sobre los riesgos del actual patrón de desarrollo, especialmente orientado hacia las generaciones más jóvenes, forjando ya a partir de la infancia una conciencia ciudadana sobre las nefastas consecuencias que tiene sobre el conjunto de la humanidad el uso desmedido de los recursos naturales y la generación exponencial de desechos sobre la tierra. Ello implica también prepararse para los desafíos que plantean los futuros escenarios climáticos que se vislumbran cada vez más graves y complejos, a no ser que exista un giro radical de nuestra insana obsesión por el productivismo y el crecimiento y nuestra compulsión por el consumo.

En ese marco, la educación ambiental debe propiciar un cambio en el modelo de desarrollo hacia un estilo que permita generar un consumo moderado que sea compatible con las capacidades de reproducción y supervivencia de los ecosistemas y, por lo tanto, solidario con el medio ambiente. Por lo mismo, pensamos que el reciente anuncio realizado por el ejecutivo de incorporar en la malla curricular escolar la disciplina de “Cambio climático” representa un avance importante en la política pública, permitiendo en definitiva que “la educación ambiental marque la diferencia y cada vez más personas estén comprometidas con el cuidado y con la protección del medio ambiente”.

Sin embargo, no es suficiente que la preocupación con la educación ambiental sea una tarea solo de los gobiernos nacionales y locales. La ciudadanía también tiene que asumir un papel más activo y responsable con relación al cuidado del medio ambiente. Por cierto, la educación ambiental es una herramienta esencial que facilita este proceso de toma de conciencia, aunque ello posteriormente debería ser replicado en diversas instancias de la vida comunitaria. Es la conciencia de que nuestro actual modelo de vida, de desplazamiento, de uso de energía, de apropiación de los bienes comunes, está colaborando ostensiblemente en la aceleración del calentamiento global y el cambio climático. Como señalaba hace años atrás la economista Elinor Ostrom, la problemática del cambio climático debería ser enfrentada a través de una perspectiva multiescalar, en la que se articulen las acciones surgidas desde el ámbito de los macro acuerdos multilaterales -como las Conferencias de las Partes- hasta las pequeñas acciones cotidianas realizadas por los ciudadanos y las comunidades locales. Desde esa perspectiva, la educación ambiental juega y deberá desempeñar un papel central en los esfuerzos por transformar el comportamiento y estilo de vida de los ciudadanos, potenciando la capacidad crítica da las personas y formando millones de agentes comprometidos con la mitigación y resiliencia al cambio climático, así como con un ethos global que restituya la relación de respeto y cooperación entre los seres humanos y la naturaleza.

quinta-feira, 31 de agosto de 2017

La persistencia obstinada de Michel Temer

Fernando de la Cuadra
El Clarín de Chile

Ya se cumplió un año desde que la presidenta Dilma Rousseff fuera depuesta en un golpe político-institucional instigado por quienes habían perdido en la última elección de 2014 y articulado por su Vice-presidente Michel Temer. Ahora Temer puede celebrar su primer año en el cargo que usurpó. Contra todas las previsiones de hace un par de meses, las últimas medidas tomadas por su gobierno nos inducen a pensar que él continuará ocupando el sillón presidencial hasta el final de su mandato. Puede parecer una flagrante paradoja afirmar que alguien que viene mostrando índices tan bajos de aprobación de la ciudadanía pueda mantenerse en su puesto. Cuando muchos analistas presagiaban que la pérdida de su mandato era inminente, Temer ha conseguido articular apoyos en base a promesas de financiamiento de proyectos para parlamentarios y políticos, por medio de medidas que privilegian a poderosos grupos económicos nacionales y extranjeros o a través de diversas modalidades de chantaje puro y directo.

Por ejemplo, desde comienzos de julio y hasta poco antes del rechazo de la acusación contra Temer en la Comisión de Constitución y Justicia (CCJ) el gobierno había aprobado un total de mil novecientos millones de reales en propuestas de diputados y senadores que necesitaban de tales proyectos para conseguir o mantener el apoyo de los electores. En los primeros seis meses de este año esa cifra fue menor, lo cual torna evidente como el gobierno utilizó hasta el límite los recursos fiscales para presionar a los miembros del CCJ a rechazar el proseguimiento de la denuncia contra el presidente.

En estos días, los anuncios hechos por el gobierno pueden en efecto permitir la consolidación de Temer en el poder, especialmente si se considera los grandes beneficios que proporcionará a los consorcios económicos la venta de las generadoras del sistema Electrobras a un precio que se estima es menos del 10 por ciento de su valor real. Según los cálculos de especialistas, aun cuando se aplique la depreciación correspondiente, el valor de los activos de la empresa de electricidad llegaría a los 370 mil millones de reales y no a los 20 o 30 mil millones de reales que el gobierno espera recaudar con su venta. Todavía más escandaloso resulta el anuncio del gobierno que extinguió por decreto y abrió para la explotación mineral y forestal, la Reserva Nacional de Cobre y sus asociados (Renca), una extensa área de casi 5 millones de hectáreas, rica en ríos y bosques nativos. De prosperar esta política de concesiones en el Amazonas, el país se enfrentará a nuevos riesgos en la conservación de su biodiversidad y en la protección de los pueblos originarios que habitan en esa región. Estas y otras medidas se realizan con el evidente objetivo de aumentar la base de apoyo de un mandatario que a pesar de ser el más impopular de la vida política reciente, ha demostrado que se puede hacer un uso inescrupuloso del “Todo Vale” para mantenerse en el poder.

Ello refuerza la convicción respecto al perfil entreguista y regresivo de este gobierno, en muchos ámbitos. Para financiar la compra de políticos y parlamentarios, el gobierno decidió congelar los salarios de los servidores públicos y disminuir el gasto en educación, salud, habitación y otros programas sociales. Las Universidades Federales han experimentado cortes de presupuesto que llegan hasta a un tercio de los fondos con que contaban históricamente. Ello ha implicado que muchos alumnos perdieron sus becas de estudio, que la infraestructura se encuentra abandonada, que no existe casi ningún tipo de inversión nueva para mejorar las salas de clases, los edificios, los laboratorios, los baños. Ni hablar de los cortes en el campo de la investigación científica que es casi nula o se encuentra en niveles irrisorios. En definitiva, Temer se está aprovechando de su impopularidad para hacer el “trabajo sucio” que le impusieron los grupos económicos y los sectores más conservadores del país. Hasta que no concluya la reforma laboral, del sistema previsional, la reducción de los gastos sociales, etc., su gobierno muy probablemente permanecerá con el beneplácito de las fuerzas políticas tradicionales y de los grandes conglomerados empresariales y financieros de carácter nacional e internacional.

A pesar de lo señalado en líneas anteriores, pronosticar lo que va a suceder en el escenario político brasileño es una tarea muy riesgosa. Brasil se ha transformado en un país impredecible y en cualquier momento pueden surgir nuevas informaciones o hechos que le den un giro radical al escenario político. Con las filtraciones de las grabaciones que envolvían a Temer se esperaba un desenlace fatal a cualquier momento y, sin embargo, por los mecanismos apuntados al comienzo, el presidente se ha conservado en su cargo. Otras acusaciones aún más graves pueden venir a cambiar este panorama y alterar la actual correlación de fuerzas que le da sustento a Temer y su grupo cercano. Mientras tanto, el retroceso de Brasil se expande por diferentes áreas de la vida nacional y la única salida que se vislumbra por ahora se restringe a la posibilidad de un cambio en las próximas elecciones de octubre del 2018. Al final, nos podemos quedar con una sensación de pesimismo sobre el futuro del país y quizás con la única certeza rescatada de aquel dicho popular que en los tiempos presentes cobra más vigencia que nunca: “Brasil no es para principiantes”.

sexta-feira, 21 de julho de 2017

La larga Ilustración

Antonio Rivera
Revista de Libros

Por diversas razones, la Ilustración del siglo XVIII ha terminado por asociarse entre la mayor parte de la gente con la gran revolución intelectual que condujo al mundo que tenemos hoy. Nuestra mayor relación cultural con Francia, la coincidencia de los philosophes y los revolucionarios en el mismo tiempo y espacio galo, el conocimiento más generalizado de autores como Kant o Rousseau, así como el gran éxito divulgador de la cultura en que consistió el movimiento ilustrado –con L’Encyclopédie a la cabeza–, explican el hecho de que cada vez que acudimos a los orígenes de la Modernidad nos cueste franquear la frontera del Setecientos. Y, sin embargo, la gran convulsión que dio paso a la contemporaneidad, aquella gran «crisis de la conciencia europea» de que hablara Paul Hazard, se produjo en el siglo XVII, tanto en términos intelectuales como científicos, en el terreno del cambio político y en el de la formación de los grandes factores protagonistas del presente largo: los Estados-nación modernos y el desarrollismo capitalista. Como reza el subtítulo del último libro de A. C. Grayling, en esa centuria tenemos que buscar «el nacimiento de la mente moderna».

Evidentemente, era sólo el principio, y sus logros intelectuales y políticos no rebasaron las fronteras de algunos países o el ámbito de influencia de unos pocos pensadores brillantes y del puñado de corresponsales literarios que difundían sus escritos y cartas. Pero ahí estaban ya los Descartes y Mersenne, Galileo y Newton, Spinoza, Hugo Grocio, Hobbes y Locke, para dar lugar no a un pensamiento revolucionario, sino a una revolución en la manera de pensar. Y ahí estaban las bases de la nueva y moderna filosofía, ciencia, derecho y teoría política. Se empezaron a quebrar entonces al menos dos paradigmas: la necesidad de una ortodoxia de los conocimientos y el respeto reverencial al saber transmitido por la tradición (protegido por sus correspondientes guardianes religiosos). Galileo remachó el clavo de Copérnico y Kepler enfrentándose hasta lo posible a una Iglesia católica resentida y expectante, dispuesta a preservar violentamente la ortodoxia después de la rebelión de Lutero. Su enfrentamiento con Galileo y el logro de la retractación de este fue una victoria pírrica para ella, la última batalla para preservar el monopolio de la verdad y frenar la emergencia de la revolución científica. Por su parte, Descartes estableció un nuevo método de conocimiento, inspirado en la sospecha epistémica frente a todo lo heredado. Precisó un sistema de conocimiento secuenciado en sus conocidos cuatro pasos y desterró la tentación nihilista al establecer que de algo sí podíamos estar seguros: de que al pensar estamos existiendo. A partir de ese punto de apoyo podía promoverse un mundo de nuevos saberes. La escolástica, Aristóteles y Tomás de Aquino aparecían como sus primeras víctimas.

El escenario de semejante transformación no podía ser más tumultuoso: un siglo de contiendas que apenas toleró en Europa una tregua de tres años (de 1669 a 1671), y donde destacan por sus efectos y repercusiones la Guerra de los Treinta Años, la guerra civil y revolución inglesas, y las guerras navales anglo-neerlandesas. De allí salió Westfalia (1648), sentando dos bases del futuro: el final de la religión como argumento de confrontación, sustituyendo la lucha entre países de distintas creencias por el criterio de que la fe del príncipe era la de su pueblo (lo que no hizo sino trasladar al interior esas tensiones), y el principio de los modernos Estados-nación, al convertir en dogma de las relaciones internacionales el respeto a las fronteras propias y a los asuntos internos de cada país. Westfalia creó una sociedad de Estados basada en los principios de soberanía territorial. A la vez, dejó para el muy largo futuro un mapa fragmentado que hacía imposible la emergencia de una única potencia europea y que impedía que el continente se expresara a través de una voz de grandes proporciones y poderes, como podía ser la China del momento. Las consecuencias de ese hecho se dejaron ver en el surgimiento de nuevas potencias nacionales –Gran Bretaña, sobre todo– y en la capacidad de estas para disponerse a la competición internacional frente a contrarios de más volumen, pero, a la postre, menos poderosos.

De la gloriosa revolución inglesa surgió la monarquía parlamentaria que permitió a los mc gobernar la política, disponerla a favor de sus intereses mercantiles y manufactureros, y derivarla complementariamente hacia la gestión capitalista y global de su creciente espacio colonial. Su prolongada contienda civil también suscitó reflexiones acerca de cómo racionalizar las relaciones políticas entre los individuos para terminar con ese estado de guerra permanente que habían vivido personajes como Hobbes o Locke. Finalmente, los conflictos de ese país con los holandeses propiciaron a medio plazo el dominio británico de los mares y su acceso a nuevas áreas coloniales (del Caribe a Bengala, pasando por Nueva York). También dieron lugar al casamiento de la hija del monarca inglés con Guillermo de Orange, futuro rey tras la gloriosa revolución. Con todo, no dejaba de ser tiempo de arranque y tiempo también de convivencia de lo nuevo y lo de siempre: el mejor ejemplo de absolutismo monárquico –la antítesis ideal de la monarquía parlamentaria–, la Francia de Luis XIV, se instituyó en ese momento como una de las principales potencias europeas.

¿Fue condición tal escenario de violencias mundiales para que emergiera una revolución en la manera de construir el pensamiento o de concebir la organización social y política de los individuos? Grayling sostiene que así fue, que precisamente la atención constante prestada a la guerra y la generación de espacios vacíos –sin olvidar la propia experiencia bélica y la necesidad de racionalizar la organización social– es lo que explica y da sentido a la oportunidad aprovechada por aquellas mentes y por los difusores de sus ideas. Quizá sea esta una de las partes donde el relato de Grayling es más problemático. Me explico: dedica un centenar de páginas a describir los avatares de la guerra de los Treinta Años, pero sin justificar por qué tanto detalle explicaría lo ocurrido en el campo del pensamiento. Está clara la conexión argumental del autor, pero no la exagerada atención dedicada a la sucesión de contiendas dentro de la general e interminable guerra de entonces, lo que acaba dando lugar a una especie de capítulo autónomo (toda la Parte II) bastante prescindible y de escaso interés para el lector más preocupado por los aspectos intelectuales que por los bélicos de ese siglo.

Semejante duda generan también las Partes III y IV, que vuelven a tratar un tema de gran interés: la convivencia del pensamiento mágico con el científico y el resultado de esa pugna, pero que lo hacen a veces de manera demasiado prolija y confusa. Ambos capítulos destacan aspectos muy diversos y de una extraordinaria importancia. Así, las figuras de Francis Bacon, Marin Mersenne y René Descartes, padres los tres de una diferente manera de organizar el hecho de pensar. Bacon sobresale por su empirismo metódico, la diferenciación entre teoría y práctica científica, o entre pensamiento práctico y pensamiento especulativo. A la condición sanamente hedonista del objetivo científico, que es mejorar la vida de las personas mediante un mejor control de la naturaleza (anticipando ya la intención de la organización política moderna), se añade la convicción de que la ciencia miraba hacia adelante (que no era presa de los hallazgos anteriores; en todo caso, dueña de los mejores de ellos) y de que debía manejarse con amplia libertad de experimentación. Se propugna el esfuerzo cooperativo y el destierro del ocultismo en beneficio de la colaboración entre diversos investigadores, la crítica recíproca y la comunicación constante de los descubrimientos científicos. La Royal Society de Londres sería su más acabada expresión, pero no la única ni la primera. Descartes abrumó con su método para llegar al conocimiento y con su duda no menos metódica, con su «escepticismo metodológico». Mersenne, por su parte, además de con sus avances matemáticos, destacó como «un servidor de Internet» –se lo conocía como «el buzón de Europa»– aplicado a distribuir y conectar conocimientos a través de una tupida y febril red de comunicaciones epistolares. Proyectos como el de la Universidad de Stanford («Mapping the Republic of Letters») están aportando mucho al conocimiento de las redes de difusión de las nuevas ideas en los siglos XVII y posteriores.

En esas mismas secciones se aborda cómo la versión científica desplazó a la fe y cómo algunos de los autores que colaboraron decisivamente a ello oscilaron entre una u otra convicción. Se recuerda también que, al tiempo que prosperaban nuevas visiones de la ciencia, se quemaban cuerpos en la hoguera de condenados por brujería. La tenebrosa guerra de los Treinta Años, con tantas pasiones religiosas de por medio, fue el escenario propicio para esas prácticas. Una convivencia de lo viejo y de lo nuevo que no sorprende, porque es así como se producen todos los cambios, y que Grayling ilustra con más erudición que elocuencia. Son dos apartados tan estimulantes en muchas de sus páginas como desordenados en su conjunto.

El relato termina, ¡cómo no!, en el orden social. La labor académica e intelectual de Grayling se aplica a una investigación filosófica que ilustre acerca de «cómo se debe vivir» y pone por eso la política práctica en el centro de sus preocupaciones. Sabemos que el tránsito inevitable entre el descubrimiento de las claves de la naturaleza y las de la organización social formó parte de los iniciáticos optimismos de la Modernidad. Hobbes y Locke, cada uno a su modo, dieron respuesta a la pregunta que desde Aristóteles –y con permiso de Grocio y Maquiavelo– parecía oportuno hacerse: ¿por qué nos organizamos los humanos en sociedades políticas? O antes: ¿de dónde procede el derecho a gobernar del príncipe? A partir de ese desentrañamiento resultaba factible formular y aspirar a alternativas diferentes de las conocidas. Y se hizo a partir de antropologías pesimistas como la de Hobbes o, cuando menos, circunspectas, como la que tenía en la cabeza Locke (no optimistas como la de Rousseau). Absolutismo y liberalismo laicos nacieron con sus respectivas reflexiones. Spinoza remató la jugada acercándose más a lo que hoy tenemos por democracia. Dios, eso sí, quedaba alojado «en el asiento trasero», tanto en la ciencia como en la política.

Posiblemente Grayling sea demasiado optimista acerca del alcance y extensión popular, por aquellos tiempos, de esa revolución en la manera de pensar. Se cura un tanto en salud acudiendo a una ilustrativa metáfora: el siglo arranca con la tragedia de Macbeth, estrenada en 1606, en que un rey es asesinado, pero en 1649 algunos de los espectadores de Shakespeare pudieron asistir a la decapitación de Carlos I, principio de las turbulencias que remataron en la Gloriosa. Lo que en la obra teatral se imaginaba como el caos absoluto –los búhos atacaban a los halcones–, en la vida real se producía como una contingencia más de la historia, que daba paso a otra nueva situación y que no acababa con nada. Pero esa actitud menos dramática no sugiere que aquellos espectadores estuvieran intelectualmente afectados por el cambio en la manera de pensar que venía produciéndose en la centuria. Sin duda hay que esperar, ahora sí, al siglo siguiente, a la Ilustración, para que el enfoque científico llegue, no sólo a las grandes revoluciones políticas del siglo XVIII, como dice el autor, sino también a públicos mucho más numerosos, sin los cuales no habría surgido en escena un nuevo sujeto político protagonista: el Pueblo. La alfabetización masiva posterior y la educación generalizada confirmaron esa deriva.

Y aquí aparece, en sus páginas finales, el beligerante y militante Grayling. En lugar de contestar los conocidos cuestionamientos de la Modernidad, tanto el antiiluminismo de primera hora como el más contemporáneo de Fráncfort y la posterior posmodernidad, nuestro autor arrambla con ellos y los remite a una fantasmal nota al pie, contestando con una defensa apasionada de la fe ilustrada en las últimas páginas y haciéndose solidario de los argumentos de Anthony Pagden en su La Ilustración y por qué sigue siendo importante para nosotros. En ese sentido, apunta que son los restos de pensamiento antiguo, premoderno, religioso, característico de las culturas que no han llevado a cabo la separación de lo mágico y lo científico, quienes, a despecho de su naturaleza minoritaria, están poniendo en peligro hoy la continuidad de nuestra feliz mayoría de edad. «El totalitarismo mental del islam –sentencia– es el paradigma». También, el sustrato mágico popular que cobra enteros conforme la cosmovisión científica, con su tecnicismo, se aleja del ciudadano. La brecha se llena con creencias e historias ilusorias, reconocidamente falsas, pero conformadoras de un relato menos turbador y más comprensible que el que proporciona la madurez moderna. Es el regreso a la infancia intelectual del hombre, el camino de retorno cuando no se entiende el mundo en que se vive. Frente a ello, sin pestañear, Grayling receta lo mismo que Rousseau, Kant y todos los modernos desde hace dos siglos: educación. El problema es que no hay que ser un posmoderno para reconocer que ello no es en absoluto suficiente. Grayling explica extraordinariamente el nacimiento de la mente moderna, pero parece no tener demasiada consideración de los problemas que ha generado la elevación de la razón al pedestal de la deidad, su conversión en un valor supremo indiscutible.

sábado, 8 de julho de 2017

Análisis de la crisis en Brasil: “Parece que la presión para la salida de Temer ha disminuido”

José Robredo
El Ciudadano

"La tendencia debería ser que de no aparecer nuevas acusaciones graves contra el actual presidente, el actual gobierno se va a mantener, incluso a pesar de todas las turbulencias que existen y que probablemente seguirán existiendo en su travesía", sostiene el académico Fernando de la Cuadra.

El pasado martes la Comisión de Constitución y Justicia de la Cámara de Diputados de Brasil comenzó el proceso de análisis de la denuncia de “corrupción pasiva” presentada por la Fiscalía brasileña en contra del presidente Michel Temer, lo que tiene en las cuerdas al mandatario.

La denuncia se enmarca en la serie de actos de corrupción que se han develado en el último año, y que van desde el financiamiento de las campañas electorales de todos los sectores políticos hasta los sobornos a parlamentarios para la legislación en diferentes temas.

De aprobarse la denuncia en el Parlamento, el mandato de Temer queda en manos del Tribunal Supremo de Justicia brasileño, lo que daría pie a un nuevo “carrusel político” en el país.

En este contexto, ya es larga la lista de políticos que han caído. La primera fue la ex presidenta Dilma Rousseff, quien fue destituida a través de un impeachment por los vínculos con el esquema de corrupción de Petrobras e irregularidades en el manejo de las arcas fiscales. Tras la caída de Rousseff, vino la serie de parlamentarios que han tenido que dejar sus cargos para asumir sus responsabilidad frente a la Justicia.

Ante esta inestabilidad, la investigación sobre posibles actos de corrupción protagonizados por el presidente Temer, tiene al sistema político brasileño al borde de la cornisa, lo que se ve alimentado por el período electoral en el que se encuentra el país, que finaliza el próximo año con las elecciones presidenciales.

Al respecto, El Ciudadano conversó con el analista internacional y académico Fernando de la Cuadra, el que sostiene que la crisis es tan grande que “entre los ciudadanos se ha instalado la sensación de que el país no consigue salir del pantano, pero tampoco se vislumbran alternativas viables para salir de la crisis o que surja algún nuevo liderazgo o bloque político que sea capaz de congregar a la mayoría hacia un proyecto que permita alejar la crisis del horizonte de los brasileños”.

¿Cuáles son las implicancias de la denuncia de la Fiscalía a Temer?

La denuncia de corrupción pasiva contra el Presidente Temer, que ha sido instaurada por el Procurador General de la República, es muy grave, suficiente para apartarlo de su mandato de forma automática. Si Brasil tuviera un sistema de gobierno parlamentario es casi seguro que ya hubiera sido alejado del poder. Pero como este país es presidencialista es necesario que se sigan otros caminos para conseguir su destitución. Primeramente, la apertura del proceso de ser aprobada por la Cámara de Diputados y son necesarios 342 votos favorables a la apertura de proceso de un total de 513 diputados. Por ahora, el proceso se tramita en la Comisión de Constitución y Justicia (CCJ) en la cual la defensa del presidente tiene 10 sesiones para presentar sus descargos. En seguida, deben existir 5 sesiones para que se realice la presentación del relator. Inclusive si la CCJ votará contra el informe, este debe ser conducido al Plenario de la Cámara donde se requiere una votación aprobación de los dos tercios para continuar con la acusación. La tendencia hasta ahora es que no se conseguirán los votos suficientes para continuar con el proceso y éste sea encerrado hasta que aparezcan nuevas denuncias.

¿Con esto queda a un paso del Impeachment?

No parece factible en la actual coyuntura Temer sea objeto del impeachment, pero uno nunca sabe y nuevas denuncias podrían venir a ocurrir. En ese caso, se abrirá otro proceso y así sucesivamente. Por ahora, la base de apoyo del gobierno parece haberse consolidado en torno a un apoyo al presidente y si ese apoyo continúa dando frutos, podemos llegar a 2018 en este impasse y el próximo año ya son las elecciones. Es decir, las prioridades van a ser otras y lo más probable es que los partidos vuelquen sus energías a organizar sus respectivas campañas y a construir las alianzas requeridas en función de la futura contienda electoral.

La inestabilidad política es evidente. ¿Es la salida de Temer la solución?

Pienso que sí, pero en este momento parece que la presión para la salida de Temer ha disminuido. Y las manifestaciones a favor de la salida de Temer no han tenido el impacto esperado sobre la clase política. Aunque insisto, el escenario brasileño es impredecible a mediano plazo y nuevos hechos podrán venir a cambiar la actual correlación de fuerzas.

¿Queda la sensación de que se vuelve al punto de inicio a casi un año de la salida de Dilma?

En efecto, entre los ciudadanos se ha instalado la sensación de que el país no consigue salir del pantano, pero tampoco se vislumbran alternativas viables para salir de la crisis o que surja algún nuevo liderazgo o bloque político que sea capaz de congregar a la mayoría hacia un proyecto que permita alejar la crisis del horizonte de los brasileños. La corrupción sigue campeando y el propio Poder Judicial está siendo cuestionado por sus últimos fallos a favor de la libertad de condenados en primera instancia, como por ejemplo, el ex asesor y estrecho colaborador del presidente, el ex diputado Rodrigo Rocha Loures.

¿Qué proyección de escenarios se puede realizar? ¿Cabe la opción de adelantar las elecciones?

Para adelantar las elecciones se requiere aprobar una Propuesta de Enmienda a la Constitución (PEC) ya presentada por el diputado Miro Teixeira, pero considerando que falta relativamente poco más de una año para las próximas elecciones, el 2 de octubre de 2018, pienso que los partidos de oposición no van a conseguir el apoyo de los conglomerados y partidos que se encuentran indecisos en torno a esta cuestión. La tendencia debería ser que de no aparecer nuevas acusaciones graves contra el actual presidente, el actual gobierno se va a mantener incluso a pesar de todas las turbulencias que existen y que probablemente seguirán existiendo en su travesía. Ello para desgracia del conjunto de la nación brasileña.

quinta-feira, 6 de julho de 2017

El futuro de Temer continúa siendo una incógnita

Fernando de la Cuadra
Rebelión

La denuncia de corrupción pasiva contra el Presidente Temer que ha sido instaurada por el Procurador General de la República, Rodrigo Janot, es muy grave, suficiente para apartarlo de su mandato de forma automática. Si Brasil tuviera un sistema de gobierno parlamentario es casi seguro que ya hubiera sido alejado del poder. Pero como este país se rige bajo un sistema presidencialista es necesario que se sigan otros caminos para conseguir su destitución. Primeramente, para que una investigación criminal contra el presidente pueda ser abierta y analizada por el Supremo Tribunal Federal (STF) se necesitaría la aprobación de los dos tercios de la Cámara de Diputados. En cifras, ello significa que son necesarios 342 votos favorables a la apertura de proceso de un total de 513 diputados.

Por ahora, la causa se tramita en la Comisión de Constitución y Justicia (CCJ) en la cual la defensa del presidente tiene 10 sesiones para presentar sus descargos. En seguida, deben existir 5 sesiones el para que se realice la presentación del relator. Inclusive si la CCJ votará contra el informe, este debe ser conducido para el Plenario de la Cámara para votación, instancia donde se requiere está aprobación de los dos tercios para continuar con la acusación. La tendencia hasta ahora es que pocos diputados han decidido o manifestado como votarán, aunque existe en este momento la sensación de que no se conseguirán los votos suficientes para continuar con la denuncia y ella sea archivada hasta que aparezcan nuevas pruebas contra el inculpado. Si la Cámara aprueba y la máxima Corte del país concluye que hay elementos para declarar reo al presidente, este será apartado automáticamente del cargo por un periodo de 180 días, mientras prosiguen las investigaciones. En dicho escenario, según la constitución debería asumir el primero en la línea sucesoria, función que recae en el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia.

No parece factible en la actual coyuntura que el presidente Temer pueda ser objeto de un impeachment aunque nunca se sabe que actitud asumirán los congresistas al tomar conocimiento con mayor profundidad sobre los términos de la denuncia del procurador o si nuevas acusaciones aparecen en los próximos días. En ese caso, los partidos de la base aliada pueden optar por apartarse definitivamente del gobierno y del presidente, en cuyo caso el futuro de Temer se encuentra bastante comprometido.

Diferentemente, si la base aliada del gobierno se consolida en torno a un apoyo incondicional al presidente y si ese sustento continúa estable, podemos llegar a 2018 sin alteraciones en la hoja de ruta, especialmente ahora que Brasil entrará en clima de elecciones el año que viene. Es decir, las prioridades van a ser otras y lo más probable es que los partidos vuelquen sus energías para organizar sus respectivas campañas electorales y para articular las alianzas requeridas en función de la contienda que se aproxima. Esta semana, los aliados del presidente están en una campaña agresiva para conquistar el apoyo de los indecisos para la votación en el plenario, que puede ser marcada para el viernes 14 de este mes.

Otra alternativa sería la renuncia de Temer y la convocatoria inmediata a nuevas elecciones, lo cual es una hipótesis improbable debido a la voluntad de Temer de seguir en su cargo hasta el fin de su mandato. Una última posibilidad es que sea aprobada la Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) presentada por el diputado Miro Teixeira para adelantar la fecha de las elecciones. Sin embargo, para que ello suceda se requiere un quorum hasta el momento inexistente e improbable si se considera que falta poco más de un año (2 de octubre de 2018) para que se realicen las elecciones según el cronograma oficial.

Mientras tanto, entre los ciudadanos se ha instalado la sensación de que el país no consigue emerger del pantano, aunque tampoco se vislumbran alternativas viables para superar la crisis. Por lo mismo, las frecuentes manifestaciones a favor de la salida de Temer no han tenido el impacto esperado sobre la clase política.

Aparte del ex presidente Lula o de Marina Silva, no se percibe el surgimiento de ningún nuevo liderazgo o de algún bloque político que sea capaz de congregar a la mayoría de las fuerzas políticas y sociales hacia un proyecto que permita construir acuerdos y alejar la crisis del horizonte de los ciudadanos. La corrupción sigue campeando y el propio Poder Judicial está siendo cuestionado por sus últimos fallos a favor de la libertad de condenados en primera instancia, como por ejemplo, el ex asesor y estrecho colaborador del presidente, el ex diputado Rodrigo Rocha Loures.

Si bien el escenario brasileño continúa siendo incierto e impredecible a mediano plazo, no se puede descartar la posibilidad de que nuevos hechos podrán venir a cambiar la actual correlación de fuerzas. La tendencia debería ser que de no aparecer nuevas acusaciones graves contra el actual presidente, el actual gobierno se va a mantener incluso a pesar de todas las turbulencias que existen y que probablemente seguirán existiendo en su travesía. Ello para desgracia de la inmensa mayoría de los ciudadanos de esta nación.

domingo, 25 de junho de 2017

Marx não morreu

Helena Celestino
Valor Econômico


Só 11 pessoas foram à cerimônia fúnebre de Karl Marx, em 1883. "O Capital", a obra que consumira duas décadas da sua vida, estava inacabada e causara-lhe tantos sofrimentos e privações que ele se referia ao trabalho como "o maldito livro". Foi escrito em tempos de convulsão como o atual século XXI, em que tudo que é sólido parece se desmanchar no ar. Às guerras napoleônicas, sucederam-se revoluções pela Europa (França, Itália, Alemanha, Império Austríaco). O capitalismo nascia na Inglaterra e a moderna indústria revolucionava o mundo.

"As inovações ultrapassavam todas as grandes civilizações do passado. Em nome do livre comércio, as fronteiras nacionais foram derrubadas, os preços caíram, o planeta tornou-se interdependente e cosmopolita. Bens e ideias agora circulavam em todos os lugares. Mas tinha um problema. A riqueza não era igualmente distribuída." Parece banal? Agora, talvez, mas essa citação apareceu pela primeira vez no "Manifesto Comunista", um panfleto de 23 páginas distribuído em Londres em 1848, e reapareceu em 1887 em "O Capital", a monumental obra sobre a gênese do capitalismo.

O seu autor, Karl Marx (1818-1883), às vésperas de chegar ao bicentenário de nascimento, não errou. A obra da sua vida completa 150 anos em setembro e, sem notar, incorporamos no falar cotidiano do século XXI as ideias básicas da crítica marxista ao capitalismo. "As pessoas sabem que há desigualdade social, sabem que há luta na distribuição dos recursos segundo a posição de poder de cada um na sociedade. Estou usando outra linguagem, mas isso é luta de classes, e é disso que as pessoas falam", afirma o ex-ministro da Cultura e professor Francisco Weffort, referindo-se ao conflito de interesses entre os "detentores do capital e os que vendem a força de trabalho".

O reconhecimento da presença de interesses econômicos e sociais no dia a dia não transforma ninguém em marxista, mas é Marx - concordam os estudiosos - a maior referência acadêmica e intelectual a deitar raiz no fenômeno da desigualdade e do conflito social. "Esses pensamentos radicais, sobre as raízes do mundo moderno, não são superáveis facilmente. É o caso de Marx e de Max Weber [1864-1920], eles tiveram a coragem de pensar o início de tudo", diz Weffort.

Ao redor do mundo, universidades, "think tanks" e editoras aproveitam as duas datas comemorativas para revisitar o legado do filósofo e revolucionário do século XIX, inspiração para os movimentos de esquerda e assombração para os governos autoritários de direita, já declarado morto e ressuscitado em igual número de vezes.

Quando a crise financeira de 2008 explodiu na Europa e nos Estados Unidos, "O Capital" pulou para as listas de mais vendidos: o primeiro livro a descrever as crises periódicas do capitalismo ganhava novo sentido. O interesse trazia Marx de volta ao debate público, depois de um longo período em que seu pensamento era olhado com desprezo por causa do colapso da União Soviética e do fracasso dos regimes ditos socialistas no Leste da Europa. Ao decretar o fim da história, enterrava-se junto e misturado o marxismo e "O Capital".

"Pela primeira vez está sendo publicada a obra original de Marx em sua totalidade", diz o matemático e filósofo alemão Michael Heinrich, professor da Universidade de Ciências Aplicadas de Berlim. Ele é um dos editores do maior projeto de reinterpretação de Marx, não por acaso chamado de Mega-2. Começou em 1974 e não tem data para acabar: todos os manuscritos do filósofo estão sendo republicados na Alemanha na sua forma original, ou seja, antes de editados por Friedrich Engels (1820-1895).

Na primeira semana de junho, Heinrich fez o circuito das universidades brasileiras, dando início às comemorações dos 150 anos de "O Capital". Em setembro, lança a 26ª biografia de Marx, três volumes a serem publicados pela Boitempo. A cabeça em pedra do barbudo com jeito de profeta, reverenciada por turistas no cemitério de Highgate, em Londres, estará na capa de outro livro a ser lançado em outubro pela Companhia das Letras: a conceituada biografia do professor Gareth Stedman Jones, em que o britânico tenta separar Karl do mítico Marx, inspirador do marxismo.

Quase 200 anos depois de seu nascimento, ele ainda é considerado imprescindível pelos estudiosos. Quando morreu, dormindo numa cadeira na sua casa de Londres, além do fiel escudeiro Engels, poucos apostavam em Marx como o homem que mudaria a consciência do mundo - segundo as palavras do filósofo Bertrand Russell (1872-1970). Na maior parte da vida, foi estrela de uma pequena comunidade de exilados e revolucionários, mas seus livros estavam longe de ser best-sellers. "O Manifesto Comunista" sumiu logo depois de lançado e assim ficou por 24 anos. "O Capital" vendeu mil exemplares em quatro anos e só foi traduzido para o inglês 12 anos depois.

Demorou quase meio século para o livro chegar ao Brasil. Importados ou em traduções mambembes da editora do Partido Comunista Brasileiro, os textos de Marx nos anos 20 e 30 eram conhecidos dos grandes escritores da época (Oswald e Mário de Andrade, Graciliano Ramos) e viravam conversas de botequim, mas estavam fora do currículo das universidades. Foi por meio de um grupo de estudos, inventado por jovens professores da USP, que Marx fez sua entrada oficial na academia.


A partir de 1958, eles se reuniram semanalmente durante três anos para ler "O Capital". Ruth e Fernando Henrique Cardoso, Francisco Weffort, Octavio Ianni, José Arthur Giannotti, Paul Singer, Fernão Novaes e alguns "alunos penetras" - como se define o critico literário Roberto Schwarz - encontravam-se aos sábados, por seis horas, nas casas de uns e outros. "Era um clima de camaradagem, animação e alguma rivalidade, com rodízio de expositor e uma comilança no final", descreve Schwarz no recém-lançado "Nós que Amávamos Tanto O Capital - Leituras de Marx no Brasil" (Boitempo). "Tinha sempre um debate longo porque todos tinham um discurso comprido para fazer, qualquer que fosse a importância daquilo que pensava", ironiza Weffort.

Já se passou outro meio século, e uma infinidade de autores ainda lança novos olhares sobre a obra de Marx. Após a morte do amigo, Engels dedicou anos para juntar os caóticos textos deixados pelo filósofo e publicar os volumes 2 e 3 de "O Capital". O resultado final, em alguns trechos, foi mais "revolucionário" do que na versão original, e um exemplo é a previsão do colapso do capitalismo, hoje reconhecida como uma contribuição de Engels - Marx falara apenas que a tendência da redução dos lucros das empresas "sacudiria" o capitalismo. Parece uma firula, mas abriu a porta para interpretações marxistas mais radicais e levou os críticos a tentarem aprisionar Marx no século XIX.

Para o economista-celebridade Thomas Piketty, autor do best-seller "O Capital no Século XXI" (ed. Intrínseca), os economistas fariam bem em buscar inspiração em Marx. O francês usou os recursos da matemática moderna para mostrar a verdadeira natureza das relações sociais, conseguindo realizar o sonho do filósofo no século XIX, quando fazia pesquisas diárias no British Museum lendo relatórios de fábricas e similares para comprovar empiricamente suas teses. Piketty provou matematicamente que o mercado não se regula sozinho e, a partir de 1980 e 1990, a desigualdade voltara a atingir os níveis do tempo de Balzac (1799- 1850), "refletindo a lógica de Marx".

Essa é também a análise do sociólogo Wolfgang Streeck, mas sua conclusão é diferente: Marx errou. Numa entrevista à revista "Books", ele vê no pós-guerra as democracias repartindo mais equalitariamente os lucros através do Estado-previdência e, com isso, conseguindo uma certa paz social. Só que depois dos chamados "30 gloriosos anos", afirma, o capitalismo atual livrou-se das regulações sociais, recuperou certos traços anteriores a 1945 e, por isso, a desigualdade aumentará e novas crises acontecerão. Mas, diferentemente da revolução prevista por Marx, Streeck não consegue antever nenhum movimento organizado com capacidade de se opor ao capitalismo globalizado.

O Marx político é o mais polêmico. O historiador e escritor Daniel Aarão Reis, um admirador e leitor assíduo, vê o teórico militante como aberto, libertário e flexível, mas aponta dois problemas: um certo messianismo proletário e autoritarismo, ao criar uma oposição entre o saber científico (o seu) e a utopia das propostas rivais. Isso levou a social-democracia a achar que eles tinham a verdade e os outros, a ilusão, diz. Esse Marx doutrinário é alvo de mais críticas - especialmente depois dos regimes construídos em seu nome -, mas a confusão política recente aqui e no mundo está levando jovens no Reino Unido, nos EUA e até no Brasil a voltar a ele para entender o que está acontecendo ao redor.

A brasileira Antonia Oliveira Violeta Duarte, de 16 anos, estudante do Andrews e manifestante presente em protestos recentes no Rio, fez uma escolha surpreendente quando a avó pediu seis nomes de livros para dar-lhe de presente. Entre eles, incluiu "O Capital". Por quê? "Quero ler para poder tomar posição. A política é o que mais me interessa", diz.